22 de febrero de 2008

Naftalina y su álbum (jocosamente) conceptual



(Imagen cortesía de sangrepesada.blogspot.com)



En esta ocasión me corresponde escribir acerca de un disco que me ha parecido hilarante a la vez que me ha dejado pensando sobre la música contemporánea en México.

El grupo mexicano de rock Naftalina, formado por veteranos del género cuya participación se remonta hasta la década de los 1950, publicó en 1987 el disco “Historia del rock de aquí de México”. Se trata en toda la extensión del término de un álbum conceptual, ya que de principio a fin se ocupa del desarrollo de varias ideas que son la guía de todas las canciones. En una panorámica del género a lo largo de 30 años se describe como una generación entera de rockanroleros estaba entrampada entre el amateurismo y la imitación, aún cuando no carecían por ello de entusiasmo por la música.

Aunque el tema del álbum pueda parecer con esa descripción engorroso y solemne, la gran sorpresa para un servidor al oír cada canción fue descubrir que estos músicos, participantes de esa historia, encontraron en el humor la herramienta para ejercer la autocrítica.

Dado que la historia del género en México consiste en una infatigable cadena de imitaciones, plagios, homenajes de grupos estadounidenses e ingleses (“fusiles” en el habla popular de México, Distrito Federal), la estructura de todas las canciones es semejante: se toma la música una canción conocida y se le pone una letra que le quede, aunque sea a fuerzas.

Puede sonar exagerado a algunos, pero creo que este disco es el testamento de toda una época del rock mexicano.


En palabras de Naftalina:



Me hice la ilusión

De ser muy chingón

Pero fui un bolsón

Me faltó un montón

De imaginación



Fusilándote

Fusilándome

Fusilando a todos

Sin saber por qué



Me hice la ilusión

De ser muy chingón

Pero fui un bolsón

Me faltó un montón

De imaginación



Pero fui un bolsón

Me faltó un montón

De imaginación



Pero fui un bolsón

Me faltó un montón

De imaginación



Pero fui un bolsón

Me faltó un montón

De imaginación



Me faltó un montón

De imaginación



Me faltó un montón

De imaginación



Me faltó un montón

De imaginación



Me faltó un montón

De imaginación


Esta canción se llama “Rock del fusil” y lleva la música de “Every Breath You Take”, a su vez un éxito de The Police.

Me queda la duda:

¿El rock mexicano de verdad ya rebasó esa etapa de plagios? ¿O es que los músicos actuales son cada día más arrogantes, dándoselas de originales aunque lo que hacen dependa de las ocurrencias de cualquier gringo de rango medio?

Se me hace que este álbum no es tanto un testamento.

Mas bien parece una vigente declaración de principios.

P.D.:

Se puede encontrar más información relativa a este disco en el sitio
sangre pesada (de tocho un pocho), sitio pleno de datos acerca del rock mexicano.

16 de febrero de 2008

"Diluvio", de Luis Buñuel

Estuve escombrando varios archivos antiguos que tenía en mi computadora, y di con un archivo de texto que no había visto hace casi una década, con un texto de Luis Buñuel, que les presento a todos ustedes y a todos vosotros para su deleite.

Hace muchísimos años, cuando era un joven lleno de sueños que no estaban en un monitor, escuché a Jordi Soler leer esta obrita literaria en su programa de Radioactivo 98 1/2 (¿era de lunes a miércoles de 10 a 12 pm? estoy casi seguro de ello) en algún momento de uno de sus programas, justo entre alguna canción de buena música del tipo de Leonard Cohen y las recomendaciones cinematográficas de "El Flaco".

¡Qué tiempos aquellos, Don Ferruco!

(Incluso México contaba con otro sistema político, tan antidemocrático como el actual).

Imagínense que suena "Metamorphosis 5", de Phillip Glass (también pueden usar si es de su preferencia el widget con dicha pieza que está líneas abajo), y:





-Música para un texto de Luis Buñuel...


"Diluvio", de Luis Buñuel


Llovía.

Diluviaba.

Algo más que torrencialmente. Diluviaba oceánicamente: nadie podía esperar que un mar pudiera viajar así, como un avión, de un planeta a otro. La atmósfera se había transformado en un mar sin peces. Se hallaba próximo el instante en que éstos iban a poder salir tranquilamente de los estanques para pasearse por la gran bola acuática de la ex atmósfera. Ya muchos sacaban sus cabezas de un agua para ponerlas en la otra y quedaban así, como mansetud de niños, como cocodrilos a medio sumergir.

La ciudad entera guarecida bajo los tejados se veía impotente para resistir aquel diluvio que caía como en los sueños al ralenti, pareciendo, de tan compacto, no caer sino quedarse.

Toda la ciudad con sus grandes torres desmanteladas era un inmenso bergantín por primera vez náufrago en la lluvia.

Llovía.

Los peces parecían mariposas atraídas por la luz húmeda de los faroles y en los tejados se entreabrían las tejas como lapas.

En los escaparates colonias enteras de libros buscaban algo en el agua con las hojas vibrátiles y ondulantes, sexos de pólipo.

Los niños nadaban por el acuario iluminado de los pisos, acercándose a los cristales unos bobos muy abiertos los ojos, dejando escapar una columna de circulitos por su bocas redondas.

Llovía. Llovía.

Todo tenía o presentía un palpitar de pulpo. Todo era repugnante a la vista y al tacto.

Las avenidas comenzaban a llenarse de vientres hinchados, de vientres tumefactos sobre los que acudían por bandadas, con inaudita voracidad, manos hambrientas, lenguas hambrientas, cabelleras hambrientas.

A mil metros de altura cruzó la luz fantasmal de un tranvía herido acosado de delfines, asaeteado por millones de dentaduras blanquísimas.

Llovía. Llovía. Llovía. Llovía.

Por todas partes entre grietas de agua y resplandores glaucos acechaban unos ojos grises de mirar metálico, con ferocidad de escualo, los ojos de todos los habitantes de la ciudad, todo ojos, todo ferocidad.

Mis diez dedos no tenían hueso y mis ojos, también mis ojos me acechaban de lejos, más grandes que nunca, grises para siempre, con la ferocidad de los demás ojos.

Junto a mí pasó flotando mi novia ahogada, impulsada por el temblor de su velo nupcial, medusa de amor y muerte.

Llovía. Llovía. Llovía. Llovía.

En el reloj de la catedral dieron las doce burbujas de la noche.

Llovía.

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Texto publicado originalmente en La Jornada Semanal hace muchísimos años; ésa es una gran hemeroteca en línea.

Radio-ministerios

Hace como una semana estaba muy tranquilo en la sala de mi casa, a la nochecita. Estaba a la mitad de una rebanada de pizza con una combinación muy rica de ingredientes (champiñones, jamón y salami, si mal no recuerdo) cuando, ¡zaz!, una ráfaga de viento levantó una polvareda que causó un apagón. Dos cables de corriente tuvieron a mal entrar en contacto, lo cual originó un corto circuito que dejó sin suministro eléctrico a un par de manzanas de mi colonia, en una de las cuales está mi domicilio.

Como eso ocurre con significativa frecuencia, no me fue difícil dar con un par de velas, la caja de fósforos y un pequeño radio de baterías. En casa estamos preparados para las eventualidades de esa clase irónicamente cotidianas dada la frecuencia de tales padecimientos.

Durante un buen rato me puse a escuchar música, pero sólo sintonizaba bien una estación para "adultos contemporáneos" (sea lo que eso signifique) plena de éxitos de las listas de popularidad del anterior par de décadas a los 90s.

Después de un rato de escuchar los grandes éxitos de The Police, Cindi Lauper, Silver Convention, Al Corley, Celine Dion, Al Stewart, R.E.M., Michael Bolton y Depeche Mode, y después de considerar que "Enjoy The Silence" estaba un tanto fuera de lugar entre tal andanada de estímulos para la nostalgia, opté por cambiarle de estación.

Empecé a recorrer el dial y ninguna otra de las estaciones de frecuencia modulada despertó mi interés. Me pasé al AM y encontré sólo estaciones de radio hablada: voces monótonas tratando los tópicos delineados en la agenda de comunicación social del gobierno local.

Fui a dar a una frecuencia (creo que era el 1440) en la que el estruendo y la exaltación por parte de quien ahí gritaba rompió con la saudade radiofónica de los minutos anteriores.

Se trataba de un ministro religioso radiofónico. Servicios religiosos radiodifundidos.

Las estaciones de radio, por lo que tengo entendido, cuando se ven carentes de anunciantes que ocupen sus frecuencias mantienen la frente en alto, y se ciñen al respeto a los principios que han de tener los medios a como de lugar: dar espacio a todas las voces presentes en la sociedad.

Pago mediante, por supuesto. Las voces que encuentran dichos espacios acaban por ser las de curanderos, médicos brujos, telegrafistas alienígenos y ministros religiosos radiofónicos.

Soy un tanto desmemoriado para los detalles. No se me escapó notar, a pesar de ello, que se instaba a los radioescuchas a presentarse en algún establecimiento para seguir al detalle los planteamientos que el estruendoso ministro hertziano expresaba.

Luego dijo lo que no se me olvida:

-La gente autosuficiente, que se trata de gobernar por su cuenta, que piensa por su cuenta, rechaza seguir la palabra del señor, de dios que es más grande que todas las cosas-, expresó.

-La gente autosuficiente -dijo enseguida-, que se trata de gobernar por su cuenta, es demoníaca. Está mandada por el demonio.

El lector quizás adivine lo que seguía en esa tóxica perorata: la única forma de evitar incurrir en tan grave iniquidad era asistir a los servicios religiosos corporalmente, en el establecimiento anteriormente dicho. Cabe imaginar que ya estando ahí quienes fungen como mediadores exclusivos con su divinidad son los propios ministros, que garantizarían así la administración de un remedio a la autosuficiencia.

Opté por cambiarle de estación. No quise regresar a escuchar aquella radiodifusora de canciones viejas, así que apagué la radio, esperando que la energía eléctrica regresara pronto.

Ya no veo tanta tv después de todo

Aclaro que sigo viendo varios programas, pero ya no tengo tan grandes pretensiones de poner doctos comentarios al respecto en este lugar; ya hay muchos comentaristas que pululan por la red, algunos con mayor éxito que otros en sus juicios, pero todos cautivos en las redes de la actualidad.

Hay varios foros de internet donde uno que otro comunicador frustrado se apropia de los lugares creados por el esfuerzo de bienintencionadas personas para comvertir lo que puede ser una buena fuente de entretenimiento en el pretexto para la perorata inútil y sin fin que caracteriza a cualquier troll de mediano alcance.

De ahí proviene mi desinterés por el cotilleo televisivo, que dio su paso a su vez al abandono de esta bitácora.

Y sin el enfoque televisivo el título de este blog ya no funciona.

Podría dedicarme a poner entradas respecto a U2, pero me da flojera sumarme a lo que están haciendo miles de bloggers en este preciso instante.

Es una de las peculiaridades de este asunto de los diarios en línea: la tecnología está elaborada para darle relevancia a esa persecución interminable e inútil de la actualidad.

Ese ritmo vertiginoso de escritura no es para mí. Yo no quiero competir con la CNN; quienes así actúan, reproduciendo las noticias relevantes día a día (yo hice algo por el estilo por algún tiempo, conste), pasan por gente informada pero para mí no son sino esclavos, a menos que tengan un marco conceptual que les permita discriminar de entre lo que es relevante y lo que no.

Hay quienes lo logran; la mayoría no lo hace. Yo intento buscar lo que más vale antes de atiborrarme de insignificancias de los Simpson o de las novedades sobre la industria discográfica (¡No a la SGAE!, blah, blah).

El internet es una gran enciclopedia si se sabe emplear; pero uno tampoco se va a poner a recibir toda la nueva data generada a cada instante. ¿Cómo se logra eso? Con cultura, con conocimiento que se obtenga de otros lugares además de las terminales.

Es sorprendente como se transformó una herramienta que posibilitaba el acceso al conocimiento a muchos en otro medio para el consumo. Eso es lo que espera el poder de nosotros: que seamos sólo consumidores, no seres libres.

He ahí el quid de este asunto: ¿como aprender a vivir la era de la información para crecer, para aprender a ser libre? ¿Cómo escapar, insisto, a esa trampa que nos convierte en instrumentos del poder, viviendo los anhelos que se nos coloca desde el exterior en nuestras mentes?

No lo se. Ya veré como le hago.

Tal vez continúe poniendo algún mensaje esporádicamente, acerca de trivialidades de mi interés. Aunque mis otras bitácoras pueden cumplir ese cometido.

Pero trivialidades de mi interés, no lo que se le haya ocurrido comentar al fulano de algún sitio porque es el tema actual.

Por eso no me interesa YouTube, ni las cadenas de correo.

Quizás me mude a Wordpress. Quizás abra un servidor propio.

Así que anuncio que, salvo que encuentre otro gran aliciente (los pitufos, alguna buena película vieja, que sea de relevancia para mí aunque a los otros les suene anticuado o simplón, lo cuál me vale muy, muy poco), declaro suspendido este sitio hasta nuevo aviso.

20 de agosto de 2007

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